CLÁSICOS DEL FRUTERO

“Hay fruta y verduraaaaaa,
las manzanas están maduraaaaas.
No hay nada más sanoooooo.
¡Cuidado que algunas tienen gusanooooo!”
(Mamá Ladilla)

Estoy seguro de que ninguno de mis lectores, desde los más inocentones a los más asilvestrados, se habrá imaginado jamás que encontraría aquí un post sobre frutas dada la opinión que tengo sobre los vegetarianos (que, personalmente, no los pondría con las personas sino más bien en un barco sin fondo rumbo a una isla desierta). Pues aquí lo tenéis (me parecía una manera original de celebrar mi cumpleaños).

La fruta es un postre. O un complemento para la comida. Lo que no es, en ningún caso, es un sustituto de una comida principal (probad a merendar una pera y entenderéis aquello de “tengo más hambre que antes de empezar a comer“). Aunque técnicamente un fruto es el resultado de una flor fecundada (sí, amigos, cuando mordéis una manzana ¡estáis comiendo fetos recién arrancados del vientre de su madre! ¿Es que no las oís chillar, malditos monstruos vegetarianos?), aquí nos centraremos en los clásicos de los bodegones y fruteros de vuestras cocinas.

Cada uno tiene sus gustos en estas cosas, desde luego. Los míos obedecen a un aprendizaje durante mi infancia influenciado por mi sentido pragmático y por mi santa madre que tuvo a bien meternos a toda la prole en la cabeza la necesidad de comer fruta fresca (es tristísimo ver a una familia disgregada por el escorbuto).
En aquella época, el postre no solía comerse en la mesa. Era bastante corriente que mis hermanos y yo nos fuéramos a ver la tele cada uno comiendo una pieza de fruta. Como solían poner dibujos los días que comíamos juntos (esto es, los fines de semana) no resultaba práctico moverse de delante de la tele.
Así pues, mi sentido común dictaba que la fruta más adecuada para postre debía cumplir las siguientes características:

1-Que me gustara (fundamental).
2-Se podía comer sólo a la hora de comer. El postre de la cena, por algún motivo desconocido, es el yogur.
3-Que generara unos residuos de fácil gestión, tan poco aparentes que pudieras dejarlos en un cenicero o, llegado el caso, comérmelos con un poco de fuerza de voluntad para hacerlos desaparecer.
4-Que no manchara los dedos. Limpiarse en las cortinas, los sillones o los pantalones es una opción pero es mejor no forzar la suerte.
5-En caso de comida familiar o celebración con postre decente estás exento de comer fruta siempre que logres convencer a tu madre.
6-Que sea monodosis, esto es, que con UNA unidad de fruta ya tengas suficiente. Un trozo o un montón de frutitas en un bol contradicen las reglas tres y cuatro.

Memorizad bien los puntos uno, tres, cuatro y seis y acompañadme en este tour refrescante (la fruta tiene un elevado porcentaje de agua: de ahí que en verano apetezca más) y vitaminado:

-LA HUMILDE MANZANA:
Portadora del pecado original, cultivada por las hespérides, inspiradora de Isaac Newton y morada de invierno para los gusanos (en los cadáveres te “mueres” de frío), esta fruta cumple con todos los requisitos descritos desde que leí en un Manual de los Jóvenes Castores que zamparse el corazón mejora la memoria. De esta forma, el único residuo es el rabo, fácilmente ocultable o ingerible sin demasiados traumas.
Manzanas hay de muchos colores y cada cual tiene sus preferencias: a mí me gustan bien rojas (casi negras) porque son las más dulces. Otros, (el tío rubio con bigote de mis paints, por ejemplo) las prefieren verdes y ácidas. Las amarillas, curiosamente, ni gustan ni desagradan: están ahí y con eso basta.
La manzana es mi fruta favorita (quizás de tan vulgar esto sea incluso original) porque se puede comer entera con pocos residuos, manchas y encima está buena. Y monodosis. Y su zumo, por alguna razón que desconozco, es el único que venden sin pulpa asquerosa.

SU SECUELA, LA PERA:
Si la manzana fuera un Mc Donald, qué duda cabe que la pera sería el Burguer King. ¿Os imagináis una dimensión alternativa donde la serpiente del Edén fuera un cocodrilo y le diera a Eva (un travelo) la pera del pecado “no muy original”? Las peras están buenas de un modo similar a las manzanas pero son menos ácidas debido a su forma de… bueno, de pera (es una ley nutricional de las que se escriben con mayúsculas: dados dos alimentos similares, el más esférico tiende a tener un pH menor). Tampoco están mal pero chorrean con mala hostia cuando las muerdes.
Como dato curioso, el nombre asiático de la pera significa “testículo verde“. Curiosamente, además, los rabos de pera suelen ser más gruesos que los de manzana. Meditad sobre ello.
Morded, morded, malditos.

EL FÁLICO PLÁTANO:
He aquí una fruta de la que no pueden decirse más que guarrerías. Y es cierto: su forma de polla humana (bueno, de polla humana “aplatanada”) lo hacen ideal para introducirse por diversos conductos fisiológicos y protagonizar divertidas anécdotas de Urgencias. El hermano de un colega (actualmente aficionado a las armas y a la marihuana: el Punisher español está a punto de nacer) tenía la rara habilidad de esculpir capullos como el de la foto en los plátanos.
También es un hecho que los mejores plátanos son los que más deteriorados (maduros) están porque son más dulces. Y también puedo deciros que su elevado contenido en potasio los hace poco sanos para aquellos delicados del riñón así que si andáis nefróticos es mejor que os los metáis por el culo antes que por la boca.
De nada, hombre, a mandar que para eso estamos.

MALACATONES Y FLAGONETAS:
Los melocotones y sus variedades (o cosas parecidas: nectarinas y cosas que llamas melocotón y punto) tienen una serie de peculiaridades a pesar de parecerse bastante a las manzanas:
-Tienen pelusilla (no, mujer, lo tuyo es bigote). Esto puede obligarte a pelarlos (un coñazo) o a sentir algo parecido a tragar estropajos.
-Tienen un hueso como un obús absolutamente indestructible y que se queda la mitad de la pulpa el hijoputa.
-Ríete tú de lo que chorrea una pera comparado con lo que te puede soltar un melocotón. Se recomienda comerlo en la bañera o con una toalla (aunque total, acabarás pegajoso como un papel atrapamoscas…).

LAS NARANJAS Y SU CÍTRICA PROLE:
Las buenas gentes de Levante (si lo de “buenas” os confunde, sabed que hablo de los valencianos en general) entienden de cuatro cosas muy concretas: arroces, horchatas, hacer el animal (con especial hincapié en todo lo piromaníaco) y de cítricos, estos es, las naranjas y su puta banda.
Las naranjas, mandarinas y similares (porque resulta que existe toda una plétora de frutos intermedios con nombre de niña pija: satsumas, clementinas, clemenvillas y la madre que las parió) tienen dos cualidades notables: un pellejo similar al cuero y varios gajos separados por piel que permiten su fácil manejo. Aunque pueda parecer cómodo pelársela en la mesa (ja, ja, soy la pera con los chistes frutales) e irse con el resultado a ver la tele (bien, basta de imaginar cerdadas), con cierta frecuencia hay que retirar más pellejos o escupir pepitas que, por algún motivo, me dan muchísimo asco en este tipo de frutas.
Esto me trae a la memoria la historia de uno de mis chicos que follaba con esto, es decir, naranjas. Os contaré la historia otro día.
Su pariente, el limón, no sirve de postre pero vale la pena mencionarlo por su papel como complemento del tequila, especia y puteante para gatos (probad a estrujar un trozo de piel delante de vuestro micifús y veréis qué risión). El pomelo en lugar de ácido como la mala hostia es amargo como el desamor ¡y la gente se lo come!

-TIGRES Y MELONES:
¿Alguien diría “Tengo hambre, me voy a comer una sandía“? Pues no y la razón es la misma por la que comemos filetes en lugar de vacas enteras. Los melones y las sandías tienen pepitas, un pellejo duro como una coraza, chorrean, manchan y, sin embargo, gustan bastante (yo odio el melón). Tienen una serie de ventajas como muñecas hinchables de emergencia (NO las calentéis al microhondas, insensatos), utensilio de fiestas patronales (por lo visto, alguien decidió que el Chupinazo de San Lorenzo tirando vino y harina no era lo bastante nauseabundo) y proyectil asesino. Lo que jamás entenderé es a quién coño se le ocurrió que el melón combina con el jamón. Posiblemente, al mismo nota que le pareció una buena idea mezclar cocacola con vino…

(MALA) UVA:
Sólo por el hecho de que producen el vino deberíamos elevar a estas porquerías a la categoría de MEGADIOSES.

Sin embargo, como postre dejan bastante que desear: la ramita del racimo mancha y es voluminosa, suele haber granos picados o en mal estado y las semillas joden bastante a los maniáticos (no hay espectáculo más lamentable que ver a un notas destripando las uvas de Nochevieja). Uvas hay de varios colores y, personalmente, me gustan más las negras (aunque las blancas suelen estar menos jodidas y son más gordas). No obstante, su capacidad para rodar por el suelo hasta debajo de los muebles les restan puntos.

LAS DECEPCIONANTES FRESAS:
Puedo oír los dientes rechinantes pero es que esto es así: me encanta el sabor “fresa industrial” de chicles, helados y similares pero las fresas “reales” son una porquería.

Lo de que con nata o leche o yogur están buenas es una miserable farsa porque lo que está bueno es el complemento. No hay más que decir.

RAREZAS:

Existen un huevo de frutas y algunas sólo aparecen por casa en ocasiones contadas. Mencionarlas todas es complicado pero bastará con recordar las cerezas, la piña, el coco, los alberjes, los cakis, los kiwis, etc.

Y recordad:
-Fumar marihuana equivale a aspirar el humo de una hoguera de vaginas.
-Las setas son el equivalente a las pollas de los hongos. Comerse un revuelto de setas equivale a hartarse de penes circuncidados.
-¡Los huevos fritos son como la menstruación de una gallina pasada por la sartén!

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15 comentarios to “CLÁSICOS DEL FRUTERO”

  1. Que conste que en Cuenca hay una frutería que vende fresas que saben a fresa. Lo suficiente para comértelas a palo seco, sin azúcar siquiera.

    Muerte a los supermercados.

    (En ese sentido, por lo demás son inventos estupendos sin los cuales no se puede vivir)

    Nunca he entendido a la gente que come pomelos.

    • Pues hazles una foto para que las pruebe. O retrata el sabor con acuarela. Seguro que con cualquiera de estas frases puedes aprobarte alguna asignatura.

      Los pomelos son malignos.

      • Mejor todavía, te envío un enlace kármico para que te descargues espiritualmene su sabor, así alimentas tu alma y no sólo tu cuerpo.

        Lo que yo te diga. Pero también hay gente que come mierda y están en su derecho.

  2. Xetegol Says:

    Como miembro de la sección Levantina (La parte “Orelluda” (Castellón), poco que ver con la sureña “Mitgoueta” (Falensia), de Sagunto para abajo todo es África) diré que las naranjas con muchas pepitas son las que robáis de los arboles, que están para decorar, gamberros.

    Hace mucho que no pido, como ignoras mis peticiones de orcos voy a pedirte algo diferente: PERCEBES

    Saludos, por cierto.

    • No sé, con Cris tenemos una pelotera permanente con el asunto de los cítricos. Mira que podría ser algo tipo “No me gustan tus amigotes” y me sale con esto…

      Estoy en ello, estoy en ello. Maldita sea, tengo escritas las primeras diez líneas de la historia final de la tribu del Colmillo pero no tengo vida hace tiempo…

      • ¬¬ perdona pero, si es grande Naranja y si es pequeña mandarina, no es una clasificación valida.

      • Para mí, valida, cualificada, convalidada y con norma de calidad, oyes.

      • Eso es como pensar que si es alto es un tío y si es bajita una tía. Pero con consecuencias más leves.

      • Joan El Misericordioso Says:

        Bueno, en lo de tios y tias, podríamos decir que si mide más de 1.80 m es un tío con un 95% de posibilidades y si mide menos de 1.70 es una tía con un 95% de posibilidades. Me parece muy válido realmente! Para que funcionara mejor basta con sesgar la muestra y no meter a nadie de entre 1.7 y 1.8.
        La cuestión sería ver a partir de que tamaño es naranja con un 95% de posibilidades y a partir de que tamaño es mandarina con un 95% de posibilidades. Eso y pensar que las naranjas no preñan a las mandarinas.

  3. Marietis Says:

    Hola, lo primero decirte que me ha encantado este post… me lo ha recomendado el amigo Carlos Leon que considera que ser de Valencia me capacita para hacer algún comentario al respecto… lo que él no se si sabe es que además provengo de familia de agricultores. Aun así, reconozco que no he provado todas las variedades de naranjas que existen porq todos los años aparecen clases nuevas! (las nuevas variedades se obtienen mezclando otras ya existentes, vamos como hacen con las rosas o con los perros si se me permite hacer comparaciones tan burdas). En fin os quiero recomendar la NAVELINA (que es mi naranja preferida!). Es de fina piel, fácil de pelar (eso sí, sin llegar a ser tan fácil como la mandarina), no tiene semillas y produce una auténtica explosión de sabor en tu boca (que riete tu de los anuncios de trident) a mí me encanta! Te la puedes poner cortadita en un platito y comértela mientras ves la tele (mejor si no son los fruitis!) Ya me contareis… eso sí no la encontrareis hasta el mes de octubre aprox. Un saludo!

    • Gracias, Marietis, me agrada tener aquí la opinión de una experta.

      Reconozco que yo con todo lo naranja tengo problemas de distinción. O sea, me gustan en general (a poder ser, más dulces que ácidas) pero los matices se me escapan.

      No te preocupes, hasta el mejor escribano se casca un borrón de vez en cuando.

  4. Marietis Says:

    PROBAR! que wewenza!

    • Debo añadir que me parece fatal que el tal León ande enviando aquí a sus amistades al ruedo sin encomendarlas a ningún santo y él no se exponga ni a una mísera cornada… y más dado que viene de tierra de agricultores, ganaderos y similares donde hay fruta y verdura en abundancia…

  5. Leonis Says:

    Buena puya.
    Lo mejor de la fruta son los higos, especialmente la carcajada de ver cómo siguen los consejos de “la leche de higo hace crecer pelos púbicos”. Esto lo acostumbrábamos a hacer a la tierna edad de 11 años. Para el que no lo sepa, pica.
    Otra versión de los higos es el lanzamiento de higo a los coches en la curva del túnel de mi pueblo.

    Hay una experiencia que os aconsejo. Subid a un remolque de uva durante la vendimia y llenaos la boca con racimos de uva. Al contrario de Warbriel, mis preferidas son las frutas comparables a una bolsa de pipas: cerezas y uvas. Unas uvas a mi estilo, con toga, cojines y unos laureles por la cabeza es delicatessen supina.

    ¡Cómo añoro las tardes de lectura a la sombra del melonar del huerto de mi abuelo!

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