FÁBULA DE HACER PENSAR

Hace muchos millones de años (pero muchos, ¿eh? En aquella época, los dinosaurios eran un prototipo novedoso), en lo más profundo de los Montes Tortilla de Patata (conocidos más tarde como Montes Urales por razones de márketing de la administración bolchevique) en un recóndito valle alejado de todos los lugares habitados vivía un viejo eremita muy sabio.
Aquel eremita se llamaba Turboproteína Putacósmica (sus padres eligieron el nombre pero llegaron los últimos) y era tan conocido por su sabiduría y sus conocimientos que gente de sin fin lugares acudían a él buscando consejo (sí, puede que lo de la residencia remota y apartada no cuadre mucho con el volumen de clientela que tenía pero si nos vamos a poner picajosos por cuestiones menores de ambientación, apaga y vámonos)
El sabio Turboproteína Putacósmica daba certera respuesta a cuantos problemas y enigmas le planteaban sin pedir otra cosa a cambio que el respeto por la paz y la tranquilidad que los montes que habitaba le transmitían.
Turboproteína Putacósmica (sí, es que era un nombre compuesto) llevaba una vida ascética de privación y sacrificio: dormía dos horas diarias, se lavaba cuando llovía y se alimentaba de gusanos y cagadas de buitre (cuando algún pajarraco se atrevía a sobrevolar su valle, que no es que oliera precisamente a mieles especiadas con el señor este cagando sobre las piedras).
Turboproteína Putacósmica había estudiado los textos de los filósofos más prestigiosos, había discutido sobre política, religión, fútbol, vino y mujeres con entendidos de toda condición y lugar y hasta había leído libros de los gordos con letra pequeña y sin dibujitos. Su sabiduría era tan grande que la mayor parte de las veces su mera presencia bastaba para solucionar los enigmas más enrevesados.

Entre los muchos logros de Turboproteína Putacósmica se podían citar la resolución de los problemas clásicos griegos, la mediación de la paz entre los aqueos y los sioux, la cuadratura del hexágono, el pimpollo de Galapagar, la paradoja de las pelotas, el cuento de la cigarra y la hormiga, el enigma de Boticelli, el código binario, la fusión fría y el por qué de las cosas en general.
Menudo era Turboproteína Putacósmica.

El caso es que un día llegó hasta el valle un peregrino perdido que desconocía la existencia del sabio. El peregrino vagó por el lugar hasta que se encontró cara a cara con Turboproteína Putacósmica y le habló así:

Confuso por las respuestas del erudito, el peregrino vagó sin rumbo fijo hasta que se encontró con la señora de la limpieza:

Y el peregrino comprendió.

Anuncios

6 comentarios to “FÁBULA DE HACER PENSAR”

  1. Por qué TPPC se parece tanto a Pelón?
    (Por cierto que la historia me ha encantao)

    • Es algo casual pero lo cierto es que no eres el primero que me lo comenta. En el paint todos los gatos son pardos, oyes.

      Me alegro de que te haya gustado.

  2. XD huy la de gente que hay como TPPC ..y lo malo es que aveces se tarda en descubrilo de lo bien que las administran

  3. a mi recuerda a Satan de dragon ball http://2.bp.blogspot.com/__qnd4ajndwU/R6t45h76v0I/AAAAAAAAAQE/dYe_sa4rw5c/s400/Mr_%2520Satan.jpg

    Pero bueno…

    Así que este es el origen de Marmeto el hombre de visión microscópica 🙂

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: