ATAQUE TIRÁNIDO (IV)

Los tiránidos abandonaron la refinería y se reagruparon en torno a la monstruosa dominatriz. El monstruo introdujo su gran cabeza en la construcción y arrancó una sección de tuberías con sus enormes mandíbulas. Bramó de nuevo.
El sargento Kabax empezó a ladrar órdenes. Los guardias imperiales obedecieron despacio sabedores de que ninguno vería el anochecer.

Dos horas más tarde, el ataque tiránido había progresado muy poco. Los oficiales habían tenido tiempo de planear una defensa lo más organizada posible con los recursos que tenían. En aquella situación podrían causar algunas bajas a la horda tiránida antes de que alcanzasen las murallas y las derribaran.

-¿Y cuando llegue la dominatriz?-preguntó Kabax tragando saliva. Eso suponiendo que aguantaran tanto tiempo.
-Cuando llegue la dominatriz, nada-contestó sencillamente el capitán Libanaid-No tenemos nada que pueda dañarla de manera que nos centraremos en matar a todos los tiránidos que podamos.

El muchacho parecía mucho más anciano de lo que era. Parecía resignado a su destino.

-Nuestra posición es indefendible contra un enemigo así-siguió citando los manuales de estrategia-pero tampoco lograremos huir en campo abierto. Nuestra mayor esperanza es resistir tanto como podamos.
-¿Esperanza de qué?-jadeó Kabax incómodo.
-De servir al Emperador-concluyó el sargento Rocul ajustándose la gorra.

No habría refuerzos. Las comunicaciones estaban totalmente cortadas debido a la presencia psíquica de tiránidos. Kabax sabía que pronto empezarían a zumbarles los oídos debido a la apabullante presencia de la Mente Enjambre.

A lo lejos se veían enormes progenies pero daban vueltas por la planicie en lugar de correr hacia el fortín. Las gárgolas seguían volando perezosamente y periódicamente caía alguna al suelo por los disparos de los francotiradores o de puro agotamiento. Si se miraba con detenimiento, podía verse cuando las criaturas más pequeñas salían de las zonas sinápticas porque de repente corrían más rápido y sin formación. El magus biologis Rekan se lo explicó a los hombres del parapeto tranquilamente, como si estuvieran en un aula en lugar de en un reducto rodeado de tiránidos.

-Y aquel gris grande de allá es un genotipo carnifex-explicó en tono amable-Son muy robustos y pueden atravesar un tanque a la carga. Pero van muy lentos, no lo entiendo.
-¿Cuánto más van a tardar?-preguntó el cabo Bildd.
-No sé, esa distancia la deberían cubrir en menos de media hora-murmuró el soldado Ward-A lo mejor planean algo.
-Sí, ¿por qué no tienen prisa en atacarnos?-preguntó el sargento Kabax incorporándose.
-No lo sé-contestó Rekan mordiéndose el dedo índice-Tal vez el influjo de la Mente Enjambre sea más débil aquí.
-No tiene sentido-protestó el sargento Kabax que había aprovechado los dos meses estacionarios para leer-Se supone que los bichos grandes tienen influencia sobre los pequeños y esos parece que pasan de todo ¡y tienen una dominatriz!

La dominatriz no había seguido el paso de su horda. Había seguido atacando la refinería con calma antes de descender la montaña bamboleándose. Nadie conseguía explicarse por qué no había habido explosiones. La mole tiránida golpeó un gigantesco peñasco en su descenso y resbaló sobre el suelo de piedra machacada: dio la impresión de un enorme paquidermo deslizándose lentamente montaña abajo. El ruido que hizo al alcanzar la falda de la montaña hizo temblar las paredes del fortín.

-Tal vez los Novamarines lograran dañarla de algún modo.

Pero aquello no tenía sentido: por muy super guerreros que fueran, sesenta marines espaciales no habrían podido ni arañar el pellejo de una dominatriz. Ni aunque fueran devastadores con armas pesadas. Ni siquiera exterminadores.

-Cuidado-dijo el cabo Hovv-Ahí vienen los primeros.

Una progenie de termagantes corría a grandes saltos hacia el fortín después de un largo paseo. Sus saltos descoordinados y desiguales intrigaron a los soldados acostumbrados a verlos cargar como uno solo.

-Fuego en cuanto estén a distancia de tiro-ordenó el sargento Rocul.

Los hormagantes se dispersaron dando agudos chillidos ante la primera descarga de rifles láser. Los guardias imperiales de diferentes regimientos dispararon en desorden pero lograron abatir a dos de las bestias.

-Esto es ridículo-dijo el capitán Libanaid-¿Por qué no atacan todos a la vez?

A lo lejos, una progenie de termagantes tropezó con un mantifex que se deslizaba a su lado. Lejos de cruzarse sin tocarse como habría ocurrido en otros campos de batalla, los termagantes chocaron con el cuerpo serpentino del mantifex. Sus bioarmas se dispararon con estrépito mientras el monstruo de brazos como guadañas se los quitaba de encima con confusión.

-Parecen… desorientados-dijo el sargento Kabax.
-¡Han fumado obscura!-exclamó alguien arrancando algunas risas de los guardias imperiales.

Kabax alzó una ceja y se volvió hacia el magus Rekan.

-Rekan, ¿qué se fabricaba exactamente en la factoría?

El magus, un hombrecillo de ojos vivaces y perilla negra se sorprendió por la pregunta.

-¿En la montaña?-preguntó extrañado-Un biocombustible a partir de la materia orgánica vegetal, ¿por qué?
-¿Y qué era antes de que llegáramos nosotros?-insistió Kabax notando que una idea estúpida empezaba a brotarle en la mente-Los enanos que vivían allí, ¿para qué la usaban?
-Para lo mismo que nosotros-contestó Rekan sin entender nada-Es un combustible y… bueno, también lo destilaban y se lo bebían.
-¡No me joda!-exclamó Kabax-Entonces, esos barriles de aguardiente que nos traían los de suministros…
-Bueno, sí-admitió el magus-Son restos de destilería de la factoría. Un poco de licor para levantar la moral de la tropa. Se puede beber, no es…

Kapax recordaba la noche anterior. Había estado bebiendo aquel aguardiente con sabor a metal hasta altas horas de la noche mientras jugaba a los dados con los mosqueteros y sus hombres. Aún notaba la lengua pastosa.
El capitán Libanaid, que estaba subiendo la escalera, interrumpió la conversación:

-¿Está insinuando que mi carrera militar que ha pasado de hacerle los recados a comandante de un Regimiento de Restos va a terminar en un asedio de tiránidos BORRACHOS?

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4 comentarios to “ATAQUE TIRÁNIDO (IV)”

  1. carlosalbert Says:

    Estoy enganchadísimo a esta historia!!!!
    Tiránidos borrachos… que forma más humillante de morir

    • Gracias. Menos mal que alguien lo dice. Empezaba a desesperar. Mucho que a la gente lo que más le gusta son los Cuentos de Gabrielowsky pero comentar sólo comentan en los posts de pollas y mierda (señor, señor).

      Ya ves. Se me ocurrió a base de leer esos temarios descabezados de los cursos que imparto. Después de todo, alcohol, gasolina… qué más dará.

  2. Hola, me parece una buena historia, lo de los tiránidos borrachos es la guinda final jaja.

    • Hola, Luis:

      me alegro de que te guste. Toda la idea surgió a partir de unos cursos de biomasa que tuve que impartir: todo el rollo de emplear bioalcóhol para encender motores me dio la inspiración…

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