LOOK AND LISTEN!

Últimamente me ha dado por el rollo retro. O lo que viene a ser lo mismo, retomar cosas viejas y que daba por olvidadas. Así, he desempolvado mis viejas cartas de Magic The Gathering (no pienso gastarme un duro más en esas cosas con la que está cayendo cuando en 1997 dejé de comprarlas por demasiado caras), nos viciamos a un juego de los años 90 (tanto World of Warcraft y tanto Call of Duty y luego nos lo pasamos teta dando patadas a una lata) y hasta me ha dado por buscar información sobre Barrio Sésamo.

Ignoro si esto obedece a algún miedo irracional a hacerme viejo, a un intento de estancarme en el pasado o qué pero todos ellos suponen material de primera para unos cuantos posts. Y no es para menos: a la gente le encanta la nostalgia y siempre resulta más divertido y fácil hablar de lo que uno conoce.

Hoy trataremos el “Sam On Radio 321“, el protagonista de mis primeros libros de inglés. No sé hasta qué punto este esperpento sería popular por esos mundos de Dios pero en mis círculos infantiles era inseparable del concepto de lengua inglesa. Desde luego, por internet he encontrado pocas referencias aunque he podido recuperar (y escanear) un par de ejemplares.

Los libros trataban de las andanzas de Sam, un señor rubiales de rictus permanente, sin apellidos ni procedencia conocida (vivía en Delta, una ciudad que lo mismo podía estar en el Reino Unido, en los Estados Unidos o en una dimensión paralela) que, junto a su gato FM trabajaba como locutor de radio. Sam llevaba lo que ahora se conoce como un modo de vida insostenible, durmiendo cinco o seis horas diarias (lo contaban en la lección dedicada a las horas), conduciendo de un sitio para otro y trabajando como un puto animal. Era adicto al café (al menos, en la emisora siempre tenía el vasito al lado) y aunque tonteaba con alguna que otra señorita, tenía la vida sexual típica de un monigote de un libro de texto para chavales de 11 años.

Sam se veía rodeado constantemente de una interracial panda de críos coñazo de escaso talento que se pasaban el día preguntando tonterías y diciendo gilipolleces (y esto ya lo pensaba yo con diez años: bien, bien, bien): Tony, Ana (su hermana), Jo (negro) y Kim (asiática). Aunque en las historias eran todos de la misma altura, en una lección sobre comparativos no sé que leches de paradoja espacial hubo que cada uno tenía una talla distinta. Lo siento, me fastidian las patadas en la continuidad incluso en las historias de mierda.
Para completar el reparto (y supongo que para acallar cualquier comentario malicioso sobre la sexualidad de un señor sin familia que se rodea constantemente de niños), en el segundo libro aparecía Marina, una tía morena con el carisma de un cubo de fregar (y bastantes menos tetas). Por supuesto, cada uno tenía una mascota grotesca que sólo se veía en el capítulo de las mascotas.

Sam protagonizó tres libros, cada uno de un color y para un curso: el azul (sólo dibujitos), el marrón (ya con fotos y aprendías a usar el tiempo pasado) y el verde (el más avanzado, donde aprendías el futuro y los condicionales). La historia de Sam se iba desarrollando y el fulano, que empezaba como un locutor aclamado por un público compuesto por niños muy raros (lo que hoy llamaríamos groupies), tenía un show televisivo en el segundo libro y un programa vía satélite en el tercero. Si esto hubiera ocurrido hoy en día, el señor habría tenido un blog…

Cada lección iba dedicada a un tema concreto (el cumpleaños, la familia, los trabajos, las mascotas…) como excusa para enseñarnos vocabulario al respecto y diferentes construcciones en la lengua de Shakespeare. Los libros iban acompañados de cintas cassette en las que la chavalada escuchaba historias de cuatro viñetas (con cuatro frases de diálogo pero abundantes ruidos de fondo como si siempre escogieran los peores sitios para hablar) que casi siempre acababan en risas (de los personajes) y en caras de indignación (normalmente, de los alumnos de la clase que oían aquello). Antes de cada historia se oía el “Look and listen” del título y mi primo y yo bautizamos así a una chavala de clase de inglés por empezar a leer siempre así: “Lukanlisen“.

Eso sí, los autores del libro daban por sentado que los alumnos no aprendían inglés de otras fuentes y los tres libros empleaban siempre los mismos términos: acababas hasta la mismísima polla de que siempre comieran pizzas y hot dogs, de que todo el mundo trabajara en lo mismo (cantantes, salvavidas…) y que se preguntaran constantemente la edad, los gustos, las habilidades y de qué color eran las cosas.

Eran absolutamente impagables las canciones que acompañaban a muchas de las lecciones. No he podido encontrarlas en youtube y las que están por internet no funcionan. En cualquier caso, eran absolutamente descacharrantes y extremadamente humillantes de cantar (cosa que solía tocar en clase). Las traducciones eran tan simples como los diálogos (aunque a esa edad ya te parecían unas chorradas monumentales).

Como muy bien dicen en las pocas webs en las que he podido leer acerca de este libro, era el blanco favorito de aquellos alumnos que gustaban de dibujar miembros y escribir lenguaje soez en los libros escolares (un servidor, por ejemplo). Casi invariablemente, Sam aparecía con la bragueta abierta (o directamente con la polla fuera) cada vez que en una viñeta se le mostraba junto a una tía. Yo mismo me enorgullecía de mis “montajes” a base de tippex (lo de usarlo para borrar es una mariconada: para eso están los tachones) con los que borraba la cabeza a un personaje y se la dibujaba en el suelo como si lo hubiesen decapitado. Lamento no tener ya aquellos libros (cuando los dejaba, sólo por el peso de la tinta que les había echado encima, triplicaban su volumen y las madres son muy poco pacientes con esos chismes).

La última viñeta del libro verde de Sam aún está clavada en mi recuerdo. En esta última lección de nuestro rubicundo mentor, el escenario era una gala de televisión donde él se llevaba una gloriosa cantidad de premios por su labor. Él y Marina en traje de gala despedían a los lectores con un sentido “Good bye, friends, and good luck“. Lo pienso fríamente y, de todo mi proceso educativo, son de los pocos personajes de ficción que tuvieron el detalle de despedirse y nunca volver.

Sólo por eso se merecen un aplauso.

Take it easy, Sam, no matter where you are.

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3 comentarios to “LOOK AND LISTEN!”

  1. Joan El Misericordioso Says:

    Play it again, Sam

  2. ¿Qué juego de los 90?

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