EN LAS PRIMERAS COMUNIONES Y LOS COMUNISTAS EN EL PRIMERO

Las primeras comuniones son para los niños el equivalente a una boda para los adultos: un día para juntarse con amigotes y liarla parda. En mi infancia me tocó ir a muchas de estas y todo era hacer el cerdo con la comida, fumar a escondidas de los mayores, correr de un lado para otro y
acabar con el traje de punta en blanco hecho una mierda.

(Esto es un helado con palomitas sobre un donut tostado que te venden en el Foster´s Hollywood. No viene mucho al caso pero es apropiado en un tema de niños…)

Hacía como 20 años que no iba a una (es normal, ya entonces yo era el pequeño de la familia y la mía marcó el fin de una época) pero con la ampliación de familia política me ha tocado volver a alguna que otra (y lo que te rondaré, morena, porque está todo lleno de niños) pero esta vez desde el punto de vista de un adulto, o sea, “a ver si tenemos la fiesta en paz y podemos empinar el codo tranquilamente“.

No sé si son las casualidades que te reserva la vida o la evolución de la sociedad pero el caso es que recordaba estas ceremonias bastante menos sangrientas: el año pasado fui a una un día lluvioso. El banquete se desarrolló en un hotel y, como los niños no podían salir fuera, se montaron
unos castillos hinchables para que los niños pudieran desbravarse y hacer el animal a gusto y en condiciones “controladas”. No fue así.

Al estar el castillo en interiores, uno de los picos no podía expandirse del todo y estaba doblado contra el techo de planchas de aluminio. En un momento dado, la torre del castillo se expandió del todo soltando una de las (repitamos) planchas de aluminio que cayó a modo de hoja de guillotina sobre los niños que jugaban abajo…

Estábamos por los postres cuando mi intuición me dijo que algo iba mal: se había oído un grito y, de repente, la sala de banquetes se quedó vacía (no lo llamaría “sentido arácnido” sino más bien “perspicacia“). Mi primer impulso fue darme una vuelta por las mesas desalojadas para ver si podía mangar algo pero luego, dado que estaba con más gente, decidí que sería más práctico averiguar qué ocurría (que no te pille un holocausto zombi en una comida familiar…). Me acerqué a la zona a indagar y recuerdo pisar unas manchas rojas pensando que quién sería el puto cerdo que había tirado una copa de vino en la zona infantil. No era vino.

La plancha de aluminio había logrado un impacto parcial sobre uno de los niños: ni vísceras fuera ni mutilaciones serias, sólo una cuchillada en la cara merecedora de algunos puntos de sutura pero suficiente para salpicar de sangre a media docena de niños, provocarles  pánico y, por qué no, incontinencia urinaria y traumas infantiles. La cosa se saldó con una visita a urgencias y traerlo de vuelta para que los demás se tranquilizaran (ahí donde los veis, los niños son seres pensantes y hacen falta estas maniobras para calmarlos).

La segunda comunión a la que he ido en tiempos recientes se prometía más tranquila: animadores infantiles para entretener a los críos, sol radiante, un área de recreo con el suelo acolchado… vamos, que había que currárselo para que la cosa acabara mal. Eso sí, el cura se lució con un sermón en el que aseguraba que los electrones eran un misterio (supongo que los protones no, por aquello de que son positivos y se marcan con una cruz) y que la vida de los animales también. Esto provocó unas cuantas alzadas de cejas entre los ingenieros y veterinarios presentes (y supongo que entre la gente de a pie con dos dedos de frente, también). Lo de la Santísima Trinidad, por lo visto, no es lo único que no queda claro…

(Libro de estilo del gurú religioso, lección quinta: cuando algo no se entienda o sea incoherente se denominará “MISTERIO”)


Como dato curioso, incluyo el menú cuya ensalada de buñuelos te puede bajar dos o tres niveles de experiencia como te descuides un poco…

El caso es que no habían puesto ni el primer plato cuando el comulgante ya se había dado de hostias con uno de los invitados (de su edad) y lucía un hermoso ojo morado. Hicieron las paces sin que llegara la sangre al río y a mitad de tarde volvieron a sacudirse. Cosas de niños, que dicen.

Para terminar, os incluyo este espectacular pegaso desnudo que había pintado en el hall del lugar de los hechos. Levantar la cabeza y encontrarte con un escroto de caballo no es plato del gusto de todos. Ni siquiera entre veterinarios…

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4 comentarios to “EN LAS PRIMERAS COMUNIONES Y LOS COMUNISTAS EN EL PRIMERO”

  1. Se te olvidaba que en una colaron a un niño con piojos sin avisar, imagínate como estarían el resto de los críos al día siguiente… (bueno, y cualquier adulto que se acercara demasiado)

    Aunque la más impactante fue la que me contó mi tía, en la comunión de sus vecinos acabaron los padres a bofetadas, y seguro que eso fue también para verlo.

    • Se me pasó el dato pero añade a la lista de víctimas al animador infantil…

      Ten en cuenta que para mí todos los niños están llenos de parásitos y enfermedades.

      Por eso lavaos las manos después de tocar perros, niños, hienas, coyotes y otras alimañas del palo.

  2. hermesh Says:

    Y la parte de comunistas?
    Me he tragado un montón de anecdotas ya conocidos solo por esa palabra. Era una trampa para mi?

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