TLACOLOLEROS Y LLORONAS

El post de hoy lo vamos a dedicar al segundo país más habitual de los lectores de http://www.warbriel.info: MÉXICO

¡No somos machos pero somos muchos!

Como podéis ver en este mapamundi que incluye el nuevo interfaz gráfico del blog (cuidado: en estos momentos no estoy seguro de lo que hablo)

los mexicanos ocupan un respetable segundo lugar en cuanto a visitas (Ro, tío, ¿es cosa tuya? Abrazos).

Los primeros del ranking, supongo que por pura lógica, son mis paisanos españoles. El resto de países de Latino-América se pasan de vez en cuando.

Que el blog lleve sus años en activo y el idioma son los factores fundamentales para que la gente venga a parar aquí (a veces de maneras no muy dignas) porque desde Nueva Zelanda o Australia ya os digo que no llegan muchos lectores… De vez en cuando, alguno se sorprende gratamente y se queda.

Pero a lo que iba: un amigo (llamémosle San Cucufate) fue a la boda de su hermano en México (daría nombres pero son casi ciento catorce millones: no creo que se conozcan todos entre sí) y me trajo un cómic local. Este tipo de cosas suele ser normalmente fuente de cachondeo y rechinar de dientes. Quizás recordéis la muy de aquí Agustina o me hayáis oído hablar del canario Capitán Pío Pío (ahora que están de moda los superhéroes ya tardan en sacar el cross-over).

En cualquier caso, los cómics autóctonos son un material agradecido, entre otras cosas, porque el propio autor y sus seres cercanos buscan por
internet a ver si alguien habla (mejor si lo hacen bien pero, a falta de fans, bienvenidos sean los detractores polémicos) de ellos. Por ello quiero pediros un fuerte aplauso para don Augusto Mora y su Maizo:

El Maizo es el cómic ganador del I Premio Nacional de Novela Gráfica convocado por la mexicana Editorial Jus. Narra las aventuras de los tlacololeros (sí, a mí también me cuesta pronunciarlo sin reírme), una suerte de personajes populares cuyas danzas y latigazos atraen a la lluvia. Un “tlacolol” (exacto: tlacoLOL, de ahí la risión que me provoca) es una parcela de terreno cultivable situada en la ladera de una montaña. Los catorce tlacololeros no tienen desperdicio pero sólo mencionaré unos pocos por no abusar de los chistes malos:

  • El Maizo: es el protagonista. Me llama la atención que por aquí al maíz también se le llama panizo…
  • El Jitomatero (híbrido de gitano y tomate: roba y mancha).
  • El Rayo Seco (¿alguien ha visto alguno mojado?).
  • El Ventarrón (¡en representación de los luchadores rudos!)
  • El Chile Verde (¡representando a los luchadores técnicos!)
  • La Perra Maravilla (¡oh, sí! ¡Ni a Batman se le ocurrió un nombre mejor para su compañero!).

No os voy a mentir si os digo que de folclore mexicano sé cuatro cosas mal contadas y no mucho más allá del imperio azteca (antes de que los conquistadores asomaran a… INSERTE AQUÍ SU OPINIÓN INCENDIARIA). Me consta que es un país enorme y que tiene una variedad de culturas considerable pero me temo que yo no he pasado de las ideas lovecraftianas sobre adoración indígena de los dioses primigenios extraterrestres (por cierto, ¿sabéis que ya han descubierto R´lyeh?).
De lo que sí tengo poco menos que un doctorado en disgustos es sobre certámenes, concursos y demás competiciones. Me he comido los mocos en tantas ocasiones frente a los mismos adversarios una y otra vez que he aprendido algunas cosas: por ejemplo, que si quieres ganarte al jurado, tienes que hablar de cosas locales y/o rancias. Ayuda también tener el público lleno de amiguetes (cuidado, este truco sólo funciona una vez porque luego los amigos se cansan) pero no es casualidad que las películas éxito de crítica siempre sean la misma mierda (en el caso de España, la Guerra Civil de los cojones, que fue hace setenta años y seguimos escupiéndonos unos a otros), que los monólogos que triunfan sean los de siempre (fumar, sexo, caca, culo, pedo, pis, bodas…) y que en los concursos ganen los del pueblo porque les votan sus paisanos.

Tócate los cojones. Ser original en el mundo de la farándula equivale casi con toda seguridad a comerte la mierda.

Dicho esto, no estoy seguro de si el Maizo originalmente era una historia de tlacololeros o esto se añadió a posteriori. Afortunadamente, el cómic no sufre demasiado por este aspecto ya que no deja de ser un buen cómic de aventuras con peleas, bofetadas, maldiciones, tías desnudas y alguna perdigonada ocasional. Hay momentos en que el acento mexicano me supera y me viene a la cabeza algún secundario del Mariachi (en el mejor de los casos) o el amigo Cantinflas (en el peor) pero en conjunto no está mal. El dibujo es adecuado y se entiende (parece una perogrullada pero cuando la gente tiene “visión propia” o “filtros mentales” significa que “dibuja raro y encima no se entiende“). Y, muy importante, las páginas finales se emplean en una historieta adicional ampliando el argumento y no en insoportables making off que acaban ocupando más que el propio tebeo.

A continuación, vamos a comentar algunos fragmentos  junto a ciertos parecidos razonables que he encontrado casualmente entre mis viejos cómics de Hellboy (sin mala intención):

Este tío es el Maizo. Es un tlacololero que protege a su pueblo como buenamente puede. Puede volar, lleva máscara, un machete y un látigo. Y aunque intenta resolver las cosas por las buenas, tiene cierta tendencia a acabar a golpes con todo quisque.
Las Lloronas son los fantasmas de las mujeres que murieron en el parto. Sus lágrimas son las que cargan las nubes de lluvia y, a la sazón, las que perpetuan el ciclo del agua (uno se pregunta si los avances en obstetricia no serán los culpables de la sequía). En La Maldición del Vástago (el cómic que me he leído yo) las Lloronas han dejado de llorar porque han conseguido un hijo de no sé sabe muy bien dónde (a lo mejor lo que les ha cortado el llanto ha sido el proceso de hacer al hijo). Este hecho provoca que estén contentas (¿no tienen derecho a ser felices las pobrecitas?) y que deje de llover, lo que al pueblo del Maizo que vive de la agricultura le sienta como una patada en los huevos.

Y, lógicamente, acaban a golpes.

El Maizo tiene una compañera con un razonable parecido con Salma Hayek o Penélope Cruz (si me pidieran que las distinguiera me pondrían en un aprieto) frita a rayos UVA. La mujer es de armas tomar, está muy buena (ved, ved esos pechos y ese culo preparados para el combate) y, como buena superheroína, pelea con tacones haya lluvia, viento, sol, municiones o culatazos.

Por último, el más pillado de todos estos símiles: la guardia del gobernador porta unas máscaras cuya expresión (ehem) me ha recordado a la del nazi con máscara de gas de Hellboy. Este personaje (el de Hellboy) era un científico loco (pero civilizado) que en la película se convirtió en una especie de ninja nazi que, si bien molaba bastante, no sé yo qué coño pintaba.

Es un buen cómic, diablos. Y mis lectores saben que no digo esto a menudo…

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2 comentarios to “TLACOLOLEROS Y LLORONAS”

  1. Ostias, qué post más largo, rediós.

    “híbrido de gitano y tomate”

    Pero sólo por eso ya merece la pena.

    • Hombre, menos mal. Me llevó mi tiempo escribir esta mierda (si es que el esfuerzo proporcional…) y más aún reunir imágenes.

      Pero, insisto, es un buen cómic.

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