AQUÍ ESTAMOS PORQUE HEMOS VENIDO…

“No estoy aquí encerrado con vosotros: vosotros estáis aquí encerrados conmigo”

(Rosrarch)

Pues nada, que  ya estoy en Inglaterra. No he escrito nada al respecto porque, sinceramente, no he tenido tiempo. Llevo dos semanas aquí que han sido largas como lunes sin tabaco y no he tenido tiempo de añorar nada ni de que me pesen cosas.

Bien, eso no es cierto del todo: algo sí me pesa y es la comida de este país. No sé qué coño le ponen pero cago  yunques que apenas requieren limpieza. Citando a The Great Ku, no voy bien al baño, voy notable.

A propósito de mierdas, la conexión a internet en el momento de escribir esto es muy fulera así que he tenido que poner imágenes un tanto al azar… Todas estas fotos están sacadas con mi nuevo móvil de empresa. Y debo decir que Inglaterra está llena de animalitos encantadores (eso sí, un 64% de las veces los ves en forma de mancha sobre la carretera…).

“Inglaterra es un país donde la sal no sala, las flores no huelen y la comida no sabe a nada”

(Warjavi)

El horario de las comidas es un poco infame al principio: la panzada de desayuno la llevas bien rápidamente pero el pasarte la mañana a base de picoteos y aguas sucias (ingleses, viejas y hippies, dejad de haceros los guays: el té no gusta a NADIE) acaba afectando al correcto funcionamiento del cerebro. La cena es a una hora no determinada entre las cinco de la tarde y las once de la noche (cada cual pierde la paciencia en un momento). Y, la verdad sea dicha, la comida basura va que vuela.

“Vivo en la carretera,

siempre miro hacia el sur.

Vivo en la carretera

el blues del autobús”

(El Blues del Autobús)

De momento, me toca estar de prácticas de un sitio para otro. Esto implica que, hasta nueva orden, mi vida cabe en un montón de maletas y bártulos metidos en un coche y que mi hogar son diversos moteles de mala muerte.

Mi compañero inseparable en todo este periplo por la ancha Inglaterra es un GPS tocapelotas y contestón (“Después de doscientOs YARDAS gire a la…“) que, aunque no calla y a gusto lo tiraba por la ventanilla, me ha salvado demasiadas veces para compensar ampliamente el dinero que pagué por él. Eso sí, el artefacto de los cojones no me libró de mi primera multa por aparcamiento indebido (“Residents only” ñañañaña ¡eso no existe en mi país! La dignidad humana se puede vender barata pero el aparcamiento es del primero que lo trinca) y hasta se permite gastarme bromas (como cuando me indicó girar a la derecha y resultó ser un camino que terminaba a los dos metros en un muro de vegetación que casi me trago). Ya lo pillaré, ya…

Mi otro adlater es un coche: un Toyota Aygo naranja como un limón con el volante a la izquierda al que he bautizado como Spitting Alligator (el Aligator que Escupe)   debido a que le falta una pieza y cuando le doy al agua para limpiar el parabrisas suelta un chorro a metro y medio de distancia (no es mucho problema si vas por la autovía). El cochecito es muy cuco (y tanto, cuando te subes te tienes que quitar el móvil del bolsillo para poder cerrar la puerta), gasta lo mismo que un mechero, tiene el blindaje de un paquete de tabaco y corre aproximadamente lo mismo: 110 km/hora (70 millas de las de aquí, que se me hace raro que no tengan horas de 74 minutos, coño ya) apretándolo hasta que se le sale el carburador por debajo de las ruedas. Perdóname, Bestia Sanguinaria.

(esto, que puede parecer la catedral de Leeds (XD), en realidad está en Derby. Si a Tom Builder de “Los pilares de la Tierra” le llegan a hacer algo parecido le da un soponcio a media novela…)

Conducir por el otro lado es raro al principio pero no más que, por ejemplo, la primera vez que te la meneas con la otra mano. E igual que a eso, te acabas acostumbrando. Eso sí, la sensación de miedo por si te pasas de velocidad, te cuelas en dirección contraria y cosas parecidas no te la quitas ni a tiros: las multas acechan y casi cada cosa que ves piensas que va a suponerte un sablazo…

De mi trabajo hablaré en otra ocasión (consultad una entrada previa llamada “El país de las hadas descuartizadas” sobre mataderos). Tiempo habrá.

Pero eso, que no sufráis por mí que estoy bien.

Warbriel resiste ahora y siempre.

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10 comentarios to “AQUÍ ESTAMOS PORQUE HEMOS VENIDO…”

  1. Me he reído mucho 🙂

    • Me alegro. Aquí las emociones (buenas y malas) te inundan como meadas de mastodonte. Será por el cambio de clima.

      Últimamente no comentan más que en posts antiguos mataos que se creen todo lo que pongo. ¿Tan creíble resultan los artículos sobre droga e hibridación que rebosan tacos? En fin…

  2. Me alegra que estes ”relativamente” bien y espero que muy pronto tengas anecdotas (esperemos que no tengan que ver con multas… buena esta la cosa…)
    El té esta muy bueno, yo lo tomo sin azucar y sin leche (cosa mas rara agh! ) asi puedo saborear hasta la ultima brizna de hierba desecada, jjajajaja. No, en serio, me gusta (aunque odio el cafe)
    ¿Ya has tenido tiempo para ir a algun garito nocturno?
    Esperamos mas historias tuyas.

    • De momento, la mayor parte de mi anecdotario es un disgusto detrás de otro debido al estrés, la chapuza y la madre que parió a mucha gente. Procuro mantener la calma pero creo que al idioma le faltan palabrotas para poder maldecir. Tanto fuckfuckfuck da poco juego, cojones.

      Estuve en uno echando unas cervezas y me pareció un agujero infame. Entre la gente fea, la música vomitiva y la sensación de que en cualquier momento me iban a dar de leches (aquí la gente rezuma violencia) no me acababa de sentir cómodo.

      Habrá, habrá. Ahora mismo, por lo pronto, me vuelvo a un matadero donde me dejé el guante de cota de mallas (cosa que tú, como simulador histórico, entenderás que da angustia de perder, cuánto más cuando vale 60 “pons” y tenemos que pagarlo si se extravía). Ah, y me cago en cosas enormes.

      • Pues tuviste relativa suerte, yo cuando estuve de interrail entre en varios pubs asi tranquilotes a ponerme hasta las orejas de Guinness y se estaba muy bien, eso si, en pubs.
        L a cosa cambia en los garitos nocturnos fiesteros, que tampoco me parecian muy tranquilos…
        alli entre concretamente en uno y despues de pasar por un gorila en la puerta, nadar en un mar de gente y conseguir una \”cerveza\” (parecia mas bien meados, menos mal que no perdi de vista al camarero…) me di cuenta que ninguna tia me miraba, cosa rara debido a mi atracctivo fisico y las pintacas de güiri español que tenia, pero si que miraban a mi amiga, se lo comente y me dijo que le pasaba algo parecido con los tios… Exactamente, estabamos en un bar homosexual. Mantuvimos nuestra compostura espartana hasta que decidimos que la cerveza y la musica no eran de nuestro agrado y teniamos muchos kilometros que recorrer y nos fuimos.
        Cosas que pasan.
        En cuanto al guantelete metalico espero que lo encontrases.

      • Lo tengo, lo tengo. Doscientas millas me costó.

  3. Me alegro que estés ocupado, espero que eso se mejor que las islas españolas que huelen a culo.

    • Lo es. Una vez te acostumbras al idioma, a la comida, a conducir por la izquierda y a temer por tu vida (que pierdes a base de multas) todo va sobre ruedas. Yo he conocido a Antonio Machado (palabra) y otro me contaba que ha estado currando con Voldemort (palabra también).

      Y trabajar cortando carne muerta sacia algunos de mis instintos más bajos que no tienen lugar en nuestra decadente sociedad.

  4. Coño. Yo creía que los erizos eran como, no sé, los leones o los penes de 25cm. Que sabes que existen porque los has visto en la tele, pero que no es algo que llegues a ver en vivo y en directo en tu vida.

    Me ha encantado la primera viñeta, por cierto.

    La imagen mental de Warbriel conduciendo un coche diminuto de color naranja que suelta chorros y se ahoga al llegar a los 110km/h es entrañable, por cierto.

    • Bueno, el que los descubrió, un cordobés muy salao, pensó que eran ratas enormes. Y te caben en una mano…

      Gracias. En realidad, era un post en sí solo pero decidí ampliarlo.

      Algo es algo…

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