SUBLIMES CAGADAS O APRENDIENDO POR LAS MALAS

“Hijo mío, tú, hasta que no te pegas el cabezazo contra la pared, no aprendes nunca a la primera”

(Mi santa madre y una de sus indiscutibles verdades)

Un clásico de los viajes al extranjero es la lista de meteduras de pata que, con más o menos buenas intenciones, todos acabamos cometiendo. Al fin y al cabo, cuando cambias de país, por muy de cosmopolita que vayas, estás fuera de tu elemento. Vamos con unas cuantas que he vivido de cerca:

CUANDO EL CORAZÓN TE PESA AL PARTIR

O más bien la maleta. El día de hacerla llevaba una resaca criminal (agradecida pues fue por la fiesta de despedida que mis muchos amigos me montaron, qué cabrones pero cómo los quiero a todos) y ni se me pasó por la cabeza que fuera a ser un problema. Lo fue, lo fue: 200 euros de problema por pasarme 10 kilos del peso permitido en un vuelo de los piojosos de Ryanair.

La próxima vez viajo con Iberia, cojones. Para pagar lo mismo, por lo menos que me traten bien y no como una cucaracha.

REBELIÓN EN LA GRANJA

Jode no ser querido en un lugar. El primer día que llegué a un matadero, los currelas del lugar se negaron a formar a nadie más. Por lo visto, llevaban no sé cuánto tiempo haciéndolo y estaban hasta la polla (no les pagan por ello) aunque (añadieron al ver mi cara) no era nada personal. Ganas me dieron de coger un cuchillo (abundan en los mataderos) y justificar una apertura de expediente a base de aperturas de gargantas.

Este mamoneo resultó en algunas llamadas a las altas esferas y, en espera de una solución, mi segundo día de prácticas ¡me lo dieron libre! (ver “Mi primera multa” más adelante) y me hicieron trabajar el sábado a cambio (ver “El GPS cabronías” más adelante).

Al finalizar aquel primer día (que fue tan infernal que casi parecía que estaba en un matadero español) el veterinario oficial del matadero se enzarzó en una violenta discusión con el dueño del matadero (un mastuerzo bigotudo que decía “fakin” cada cuatro palabras). El veterinario, español él, soltó un apasionado “¿Por qué me molestas todo el rato?” pero se hizo la picha un lío y, en lugar del verbo “annoy” o “bother” usó “molest” que, en buen inglés, porlo visto significa “acosar sexualmente“. El mastuerzo de marras se puso pálido y casi se traga el bigote. Desde entonces va como una seda.

MI PRIMERA MULTA

A los dos días de tener el coche, nada menos. Fui a aparcar, no vi el cartel de “Residents only” (hay que decir que son MUY discretos) y 70 pons de multaza (reducidos a 35 por pronto pago pero me cago en su puta madre).

Y ese es el precio de la sabiduría.

EL GPS CABRONÍAS

Un viejo aforismo reza algo así como “Jamás te pelees con un ser inanimado“. Bien, el artefacto maligno que guía mis pasos en este país de herejes (a día de escribir esto resido en una ciudad con más turcos que la Batalla de Lepanto) a veces tiene el día tonto y hace cosas como indicarme que gire a la derecha en mitad de una carretera y encontrarme con un camino de dos metros (de largo porque acababa allí) bloqueado por una maraña vegetal.

Benditos reflejos fulgurantes que tiene uno, oyes.

Al final, logré llegar al matadero que buscaba después de preguntar en dos gasolineras atendidas por hindúes (no tengo nada contra ellos… bueno, sí, consultad posts previos sobre su maligno subcontinente), llegar a un pub que, por lo visto, es la referencia obligada y conseguir que un cartero me orientara. Cojones.

GUANTAZOS Y CORTES DE MANGA

La compañía nos proveyó a todos los principiantes con un par de maletas llenas de trastos entre los que destaca un guante de cota de mallas (muy útil para cortar cosas sin dejarte dedos de la mano en el proceso). Dicho guante vale 60 pons y, por lo visto, te lo mangan a la que pueden (hay todo un mercado negro al respecto).

Yo ya lo he extraviado dos veces y las dos lo he recuperado gracias a váyase usted a saber qué dios que vigila mis pasos. La segunda de ellas fue algo más trágico porque resultó que me lo había olvidado en otro matadero al que tuve que acudir como alma que lleva el diablo y tragarme doscientas millas en una tarde como quien se casca un bocadillo de calamares.

Ni que decir tiene que el GPS intentó de nuevo estamparme contra la maraña vegetal del camino cortado.

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6 comentarios to “SUBLIMES CAGADAS O APRENDIENDO POR LAS MALAS”

  1. gabiman Says:

    welcome to britain, my friend…

    • Precisamente la inspiración de esto me vino por aquellos mails tuyos donde contabas estas cosas. La confusión “constipated”/”estreñido” me tuvo riendo un buen rato.

      No obstante, la mayor y más mayúscula de todas queda para la semana que viene…

  2. Joan El Misericordioso Says:

    Y yo me pregunto…cuando tengas colegas anglosajones, subiras posts en inglés?

    • Buena pregunta. Lo pensé en su día pero lo dudo bastante: este blog lleva muchos años escribiéndose en castellano y seguirá así. En todo caso (y es mucho suponer) abriría uno en inglés.

  3. Juas, veo que te lo estás pasando pipa. Vaya amigos hijosdeputa que tienes, haciéndote viajar de resaca, por cierto.

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