HABÍA UNA VEZ EN EL SISTEMA SOLAR…

Esta es una historia de ciencia ficción que leí hace mucho tiempo en una revista que creo que se hacía en honor a Isaac Asimov de un modo similar a la Rollingstone en músicas. No la recuerdo con total claridad ni el nombre del autor pero haré lo que pueda:

Año… la tira. El Sistema Solar ya no está habitado sino que es un enorme complejo minero surcado por flotas de astronaves que abarca todos los planetas. El único ser pensante del lugar es una computadora que se encarga de gestionarlo todo.

La computadora es bastante cachonda y dedica buena parte de su tiempo a escribir poesías a velocidad de ordenador.

Me casé con una sirena

esbelta como una dorada

¡Ay de mí!¡Cómo ha cambiado!

Ahora es medio ballena.

El caso es que el Sistema Solar es invadido de repente por una flota fenacrone, unos vegetales inteligentes alienígenas que vienen buscando venganza por su planeta, destruido en el pasado (sin querer, todo hay que decirlo) por colonos humanos.

La flota alienígena está fuertemente armada y dirigida por una computadora fenacrone similar a la que rige el Sistema Solar. Es poderosa y lo sabe, jactándose todo el rato de su superioridad armamentística.

Sin apenas oposición, el fenacrone arrasa Plutón y Neptuno y se dirige hacia Urano. El cerebro-computador terrícola observa impotente el avance enemigo sin ningún arma a su disposición.

Si pudiera, piensa la computadora, me encogería de hombros antes de ahogarme en un mar de auto-compasión. ¿No es irónico gobernar el Sistema Solar para ser destruido por un fenacrone con el cerebro de un guisante?

Un limerick es un verso hermoso

de métrica hábil y verso ingenioso

que a las mujeres fascina

a los hombres alucina

y hasta en el sexo es famoso.”

Como suena. Se pone a transmitir poesías improvisadas (concretamente, limericks) a la flota fenacrone. Lógicamente, el enemigo no la entiende.

Ambas computadoras se vacilan. La terrícola desafía a la fenacrone a componer un limerick pero el alienígena se niega alegando que no está familiarizado con la métrica y que además su función es la guerra.

La computadora terrícola va subiendo las apuestas hasta que lanza su desafío definitivo: compondrá un limerick y el fenacrone deberá únicamente pensar en la última palabra con la que completarlo:

¿Qué es un limerick, hermano?
Es un poema, responde ufano,
en que los versos uno y dos
acaban con el quinto igualados
y el tercero y el cuarto van de la…“.

El fenacrone piensa. Y piensa. Y piensa.

Un fenacrone brindó

por sus hazañas de las que se alabó

pero un terrícola medio loco

de la alfombra tiró un poco

y el fenacrone cayó

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