EL GRAN CUENTO ENANO (V): TRES ENANOS SIN BARBA

-Cuéntame otra vez lo que viste en el túnel, explorador-gruñó Gwanon sin volverse a mirarle.

Zoltak el explorador era una rareza entre los enanos. No caía bien debido a su desagradable acento élfico.

Tenía también una serie de hábitos irritantes para sus congéneres: prefería el vino a la cerveza, el bigote a la barba, la espada corta al hacha de combate, el arco a la ballesta, el aire libre a 
la vida subterránea… no era de extrañar que el único reino enano donde podía ser aceptado (a regañadientes y en los niveles más profundos) fuera Gorgal-Tum, donde los Rocamagma estaban encantados de contratar empleados por sueldos mínimos.

Años atrás, en tiempos de Truz PuñoMontaña (tatarabuelo de Bain III) los decadentes elfos del Bosque de la Luna entregaron a los enanos un misterioso orbe de cristal. Era un intento desesperado por librarse de él y, a la vez, de aprovechar el artefacto para dañar a sus despreciados enemigos.

El origen de la animosidad entre elfos y enanos era  tan ridículo como simple: por una asombrosa casualidad, la mayor parte de las palabras élficas y enanas empleadas como fórmulas de cortesía sonaban como graves insultos en la otra lengua. Las relaciones habían empezado con mal pie en un pasado remoto y el orgullo, la mala fe y, a veces, el cachondeo habían hecho el resto.

El rey Truz se olió la tostada pero, como el orbe no afectaba a los enanos, accedió a negociar: Gorgal-Tum guardaría el orbe a cambio de que los elfos aceptaran en su bosque una delegación enana.

-El túnel que hundió la bóveda JM-72332 se amplia unos veinte metros más abajo en una especie de cámara-explicó Zoltak con su musical acento-A juzgar por los arañazos de las paredes, lo que fuera lo empleó para darse la vuelta allí. El túnel desciende en pendiente suave durante varios kilómetros pero cada vez es más pronunciada. No pude llegar hasta el final porque tenía que volver a por suministros.

Una pequeña colonia enana se estableció en el Bosque de la Luna y vivió con los elfos en armonía (hay que decir que el Bosque de la Luna entonces ya iba de capa caída y que la convivencia funcionó precisamente gracias a eso). Sin embargo, cuando la degeneración élfica llegó a su punto álgido, los enanos se sumaron a la bacanal y desaparecieron con los elfos cuando llegó Farkag el Destripador. Sólo sobrevivieron media docena de enanos entrenados por los elfos en las artes de la supervivencia al aire libre. Zoltak era el último de aquellos exploradores.

-¿Pudo ser un dragón?-preguntó Gwanon por enésima vez.

-No es probable. El túnel es demasiado ancho-respondió Zoltak con altivez-Además, un dragón no utilizaría su aliento bajo tierra: el fuego consume el aire y se habría ahogado.

-Entonces, ¿una lombriz gigante?-sugirió el director adjunto pensativo.

El explorador frunció el entrecejo con desagrado:

-Las lombrices gigantes no existen fuera de los Yermos de Usgarak-contestó-Hace miles de años que no salen de allí. Y, si lo piensas un poco, no tienen garras con las que arañar paredes.

Las lombrices gigantes habían supuesto una pesadilla terrible para la raza enana. Eran gigantescos monstruos creados por los elfos oscuros. En la antigüedad habían merodeado por las profundidades subiendo a la superficie para devorar cualquier cosa. Se alimentaban de materia viva y eso incluía árboles, animales y minas llenas de enanos. Con su tamaño y su apetito sembraron el terror y la destrucción allí donde perforaron el suelo (o sea, casi todo el mundo conocido). Al final se volvieron contra sus creadores y estos se vieron obligados a destruirlas. Se habían convertido en leyenda pero se rumoreaba que aún rondaban por el subsuelo bajo la ciudad de los elfos oscuros.

-¿Y qué otro monstruo excava galerías como un topo?-intervino la guerrera que caminaba a su lado

Talim Slameworth tampoco era una enana al uso. Le faltaba el ojo izquierdo pero no lo había perdido en combate.

Amaba el oro, como todos, y en su larga vida lo había ganado gracias a sus otras dos pasiones: el combate y
el fornicio. Había servido en tres guarniciones enanas durante las Guerras Bárbaras, tanto en calidad de puta como de mercenaria. Le gustaban sus trabajos y los hacía bien.

-No lo sabemos-contestó Gwanon-Tampoco sabemos cómo encontró la cúpula- aminoró el paso para ponerse a su altura. Caminaba encorvado con las manos en la espalda-Se supone que su localización es secreta. Me cuesta creer que topara con ella por casualidad.

-Pero dentro no había nada de valor…

-No que sepamos.

Su antigua vida mercenaria dejaba poco tiempo a Talim para ejercer el oficio más viejo del mundo. Necesitada de liquidez, había hallado una solución: ampliar mercado mediante el fornicio en grupo e interracial. Con un pequeño ajuste de tarifas para convencer a clientes reticentes (los enanos muchas veces estaban llenos de manías), Talim había descubierto que le gustaba ser taladrada por varios hombres a la vez y, además, ganar dinero con ello. Había extendido su clientela a los humanos (con otro pequeño ajuste de tarifas) y, por primera vez en su vida, había conseguido más dinero del que podía gastar.

Como gustaba de contar cuando bebía algunas cervezas de más, lo que no habían logrado seis años de guerra contra los humanos lo había conseguido el mango de una sartén. Perdió su ojo izquierdo al tropezar borracha perdida en una cocina donde se lo estaba montando con tres apuestos soldados humanos.

Sin embargo, el Gremio de Prostitutas Enanas no había visto con buenos ojos sus capacidades sexuales y le habían abierto un expediente disciplinario por competencia desleal y una sanción monetaria escalofriante. Le habían retirado la licencia de prostitución y ya sólo podría trabajar como guerrera para poder comer (ganando bastante menos). Para su disgusto, el resto de su vida iba a tener que acostarse con gente por gusto o por amor pero jamás por dinero.

El Gremio de Prostitutas Enanas era una organización poderosa que llegaba a todos los reinos enanos. Su influencia era grande y no era conveniente ganárselo como enemigo. Corrían rumores siniestros sobre lo que les ocurría a las putas enanas no autorizadas y, aunque Talim sabía defenderse, no quería convertirse en rumor.

La vida se volvió difícil para Talim al no poder vender su cuerpo. Sus compañeros mercenarios la veían más como un simple objeto sexual (antes barato, ahora gratuito) que como una compañera. Decidió que le gustaba más el oro que ser considerada poco más que una sandía caliente y los abandonó al poco tiempo.

Había terminado en Gorgal-Tum tras las Guerras Bárbaras. En el reino de los PuñoMontaña los RocaMagma la habían recibido con los brazos abiertos: al fin y al cabo, una exprostituta repudiada por su Gremio sólo tenía derecho a una paga muy reducida.

Gwanon miró a sus dos compañeros de viaje de reojo mientras repasaba mentalmente sus expedientes. Como escolta, sin duda eran poco ortodoxos.

Pero salían muy baratos.

4 comentarios to “EL GRAN CUENTO ENANO (V): TRES ENANOS SIN BARBA”

  1. No ha estado mal, pero no ha avanzado nada la historia…

    • Aja. Ya sabia yo que perderia interes… pero entre presentar la situacion, los personajes y tal… esto lleva su tiempo. Ademas, tiene que ser relativamente corto cada vez o la gente no se lo lee…

      Ajo y agua.

  2. Zoltak!? percibo el influjo de cierto OV rumano… jajaja

    • Necesitaba un nombre que sonara bien y ese me gustaba… pero también es el malo de Comando G, sale mencionado en “Colega dónde está mi coche” y es el adivino de “Big” (de Tom Hanks cuando era un payaso antes de hacer de tontolaba o de novio sidoso de Antonio Banderas). Como ves, hay de todo…

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