EL GRAN CUENTO ENANO (VI): LA CORTE DE PUÑOMONTAÑA

La antesala del trono era majestuosa y recargada, digna del rey que dirigía el reino enano más próspero de todos. Tenía las paredes de mármol y piedra gris cubiertas de grabados. Una gran cantidad de estatuas, cuadros y lámparas realzaban la opulencia del lugar.

Sin embargo, todo estaba diseñado para la defensa: cada ángulo, cada esquina y cada recoveco había sido construido para que la guardia personal del rey PuñoMontaña, los temidos kalgan riffs (martillos de guerra) pudiera apostar un pelotón entero en aquel lugar y protegerlo de cualquier enemigo. Cada rendija escondía a un centinela con una ballesta y cada pared tenía una puerta secreta de la que podían salir en un instante una docena de enanos armados hasta los dientes.

Diez kalgan riffs, cinco a cada lado, montaban guardia allí. Portaban gruesas armaduras completas que apenas les dejaban las barbas a la vista. Al entrar Gwanon y sus compañeros, la guardia hizo chocar sus armas contra el suelo:

Riffs!-gritó el sargento al mando.

-¡Hasta la muerte!-corearon todos los demás enanos.

El director adjunto Gwanon había estado antes allí pero nunca dejaba de impresionarle el despliegue de fuerza. Estaba encaminado a desanimar a posibles asesinos, pelmazos y liantes varios y, según las estimaciones de los Rocamagma, la mera presencia de los riffs reducía en un 73% los intentos de magnicidio. El resto había que impedirlos por métodos más expeditivos pero la guardia se apañaba bastante bien (incluso in extremis como cuando un brujo desaprensivo logró colar una hidra de treinta cabezas en el salón del trono por un portal dimensional).

Un enano vestido de traje con el emblema de los RocaMagma salió de entre las filas de guerreros. Dedicó una mirada de disgusto a los recién llegados y examinó en silencio los salvoconductos que Gwanon le ofreció. El RocaMagma selló los documentos con su anillo y les indicó que siguieran.

-¿No van a registrarnos?-preguntó Talim dedicándoles una ojeada a los riffs mientras pasaban entre ellos-¿Ni siquiera a quitarme las armas?

-Les da igual que lleves armas-contestó Gwanon-Vigilan cada paso que damos. Si nos considerasen una amenaza no habríamos llegado ni a los niveles superiores de Gorgal-Tum.

El salón del trono de Bain III se abrió ante ellos. Su grandiosidad cortaba el aliento pero olía a ginebra élfica de mala manera.

A Bain III le conocían como “El Rey Triste”: había logrado refundar su reino cuando era un joven príncipe lleno de entusiasmo y con un futuro prometedor ante sí pero se había pasado los últimos trescientos años gobernando un reino sin guerras ni problemas que requiriesen la atención de un rey.

La gran aventura de su vida (reflejada en el cantar de “El Retorno de PuñoMontaña” de Borin El Magnífico) había terminado a una edad muy temprana. Después de eso, Bain se había casado, había enviudado pronto (el famoso incidente de la hidra de treinta cabezas) y había descubierto que era poco más que un pelele en manos de un clan de burócratas sin escrúpulos. Lo malo era que esos mismos burócratas eran los que mantenían a flote su reino por lo que realmente no podía hacer nada si quería mantener la prosperidad. De hecho, tenía la sospecha de que los RocaMagma disponían de varios sustitutos por si él se volvía demasiado difícil de controlar.

Aburrido, envejecido antes de tiempo y amargado por la pérdida de su esposa y de sus compañeros de aventura (su prima, Elgar Manos Rojas, nunca había vuelto de su incursión en la Gran Colmena; Borin el Magnífico estaba desterrado por su entusiasta “No soy marica pero al rey Bain III bien a gusto le comía el rabo”, Hengist el Gladiador había muerto envenenado, se rumoreaba, por los RocaMagma…), Bain III dedicaba muchas horas a empinar el codo.

Bain III (con ojos vidriosos) y su consejero, Fukort RocaMagma escucharon la historia de Gwanon en silencio. Fukort era el líder (presidente) de los RocaMagma y, para muchos, el auténtico gobernante (presidente) de Gorgal-Tum. Era astuto, depravado y sarnoso (presidente) como el hijo de un chacal y una víbora. Incluso sus mejores amigos (siempre breves) solían describirlo como un (presidente) malnacido.

-La situación es grave-declaró Fukort-Lo que haya hecho ese túnel amenaza la credibilidad de todo nuestro emporio económico. Debemos detenerlo como sea.

-No creo que pudiésemos-declaró Gwanon-Algo capaz de abrir un túnel de seis metros de diámetro por el subsuelo y echar abajo una cúpula enana por capricho está fuera de nuestras posibilidades. He apostado a todas las fuerzas militares de Sar-Bnaratch en el túnel pero incluso si lo cegásemos de nuevo, no podríamos detener a esa cosa si volviera.

-Exacto-Fukort señaló a Gwanon con un dedo huesudo-El reglamento especifica claramente que toda nueva amenaza debe ser convenientemente evaluada por un grupo de acción con un representante de los Rocamagma y otro de los PuñoMontaña.

El rey Bain III asintió a sus espaldas. Miró a su alrededor aturdido y habló con voz pastosa:

-Mi sobrina, la pequeña Elgar, estará encantada de acompañaros-dijo arrastrando las sílabas e indicando a un sirviente que fuera a buscarla-Es como su madre: le encantan las aventuras.

-Qué gran idea, majestad-sonrió Fukort sonriendo como un tiburón-Sin duda, el director adjunto Gwanon y su escolta son los más apropiados para esta tarea.

Gwanon reprimió un suspiro de resignación. Desde el momento en que le habían informado que una de sus cúpulas se había venido abajo había sabido que estaba bien jodido.

-Es curioso, consejero Fukort-balbuceó Bain III al observar a los presentes-¿Te das cuenta de que vamos a mandar a esta misión a cuatro enanos sin barba?

3 comentarios to “EL GRAN CUENTO ENANO (VI): LA CORTE DE PUÑOMONTAÑA”

  1. Arriba pequeña Elgar!

  2. Esperando ansioso la próxima entrega🙂

    • Cuando tenga tiempo. Tengo escritas varias pero requiere su tiempo maquetarlas con imágenes. Además, la historia debe dividirse en partes no muy largas para que no dé pereza leerlas y tiene que ocurrir algo notable en cada una para mantener el interés… pero tranquilo, habrá más.

      Gracias por el interés, Grungboy.

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