CAFESES Y TERVEZAS

Hay ciertas cosas que no hago por mí mismo ya que hay ciertas actividades que requieren ,no ya el público, el compañero adecuado.

Normalmente, cuando voy a perpetrar alguna barrabasada que la sociedad rechazaría, me aseguro de tener cerca a alguien de Sabiñánigo.

Pero hablemos de infusiones y demás porquerías que es tema que últimamente se ha puesto de moda entre mis muchachos. Aquí el café es lo que nosotros llamamos “nescafé”, o sea, agua con polvos. Y usan agua, joder, en lugar de leche. Normal que una cafetera italiana de hierro corrugado tenga aquí más valor que el oro.

Foto0049Esto que veis aquí es la vieja cafetera de mis padres el día que entonó su canto de cisne (para susto y disgusto de mi padre y el que suscribe que casi nos tragamos el lavavajillas cuando el cacharro empezó a soltar bufidos y espumarajos). No deja de ser irónico que cuando puse mi primera cafetera allá en la calle Lorente (joder, lo que ha llovido) junto con uno de mis lectores (sí, el de la flauta) tuviéramos miedo de que explotara.

03082013215La cosa venía de antes.

Ya en el colegio mayor le di un par de vueltas al tema de las infusiones (era de mente inquisitiva y algo manazas también) aunque con decepcionantes resultados. Es lo que pasa cuando tratas con algo que, a todos los efectos, es agua sucia.

Por un lado, estudié qué efecto producía hacer té varias veces con la misma bolsita. Lo había visto hacer en una peli de guerra a unos pobres muertos de hambre. Para ello, colgaba las bolsas usadas del flexo de mi habitación para secarlas y reutilizarlas. El resultado fue tan decepcionante como esperado: té flojo.

03082013216 En otra ocasión, probé a destripar varios cigarros y rellenar una bolsa de té vacía (y vuelta a cerrar con la grapadora) a ver a qué sabía una infusión de tabaco.

La respuesta es sencilla y desagradable: sabe como chupar un cenicero.

También durante mi etapa universitaria probamos a hacer un “café legionario”. Esta barbaridad (porque llamarlo bebida es de hipócritas) es tan sencilla como cambiar el agua de la cafetera por whisky, ron o 03082013218algo similar. El resultado hace que te lloren los ojos de olerlo y
no te lo metes entre pecho y espalda ni mojándolo en un pan de kilo. Avisados estáis.

Y en estas imágenes que acompañan al post podéis ver al sonriente Hefestos (sí, bueno, le vemos la cara pero protegemos su identidad) asistiéndome en la resolución de un enigma que ha traído de cabeza a la humanidad desde que Sebastián Elcano descubrió la máquina de tren: ¿qué ocurre si llenas una cafetera de bolsitas de té y la pones al fuego?

Bien, ¿qué creéis que ocurre?

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6 comentarios to “CAFESES Y TERVEZAS”

  1. Me acuerdo de los bolsitas, sí…

    Yo todavía tengo en el tintero el café Leonis (una cayenita dentro del agua). Con la moda de las cafeteras de cápsulas que tienen el depósito detrás es fácil metérsela doblada a alguno.

    Eso sí, la barbaridad del café legionario no se me habría ocurrido… Aunque pensándolo bien, ¿por qué no mezclar los dos conceptos?

    • Te advierto que el café legionario es de esas sustancias que no importa lo que les eches, siguen siendo café legionario. Con azúcar a paladas y medio litro de leche es que no te entra.

  2. No se si recuerdas que mientras perpetrabamos el cafe legionario la cafetera se prendio fuego..Y que mi tierna hermanita se trinco una taza de trago..

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