MARICONADAS VARIAS

No hace mucho me pasaron el enlace a una descacharrante noticia que merecía ser investigada: “Retiran del mercado estadounidense unas pastillas para curar la homosexualidad con sabor a pene“.

pastillas con sabor a pene

Por lo visto, un padre canadiense (como Lobezno) descubrió a su hija de doce años tomándolas porque la nena “tenía dudas“. Personalmente, las dudas me están entrando a mí pero sobre la supervivencia de la humanidad.

gay flagSegún he averiguado, el producto actúa como un parche de nicotina inhibiendo las ganas de tener relaciones homosexuales. La posología dice que “detienen el ansia del mal comportamiento, hasta los más ardientes” y que  “si transcurrido este tiempo la carne flaquea y todavía te gusta llamar a la puerta de atrás, aumenta la dosis a 4 pastillas al día“.

Todo esto me plantea una serie de dudas razonables:

  • ¿De dónde sacan el saborizante a pene? Ya puestos, ¿a qué sabe? ¿a gore gore gayssudado y a pelos?
  • ¿Sirve para hombres y mujeres? Siguiendo la sufrida lógica de todo esto, puedo entender que a una lesbiana le des pastillas con sabor a minga para que les coja el gusto (???) pero en el caso de un gay masculino ¿no debería ser al revés?
  • ¿Qué diablos contienen?

monja capadoraUna lástima que las hayan retirado del mercado porque dejan un montón de interrogantes sin respuesta. No obstante, que exista semejante fármaco no debería sorprender mientras haya asociacionespara curar gays” y, ya puestos, “gays que quieren ser curados“.

Esto me llevó a husmear un poco sobre otro tema relacionado: la bomba de amor gay.

Bomba-Gay

Suena a cachondeo y, visto fríamente, es para cachondearse: algunos años atrás, entre los numerosos proyectos armamentísticos estadounidenses, algún iluminado sugirió crear una bomba química cuyo efecto fuera que los soldados enemigos se pusieran tan cachondos que empezaran a hacerse bear force onearrumacos unos a otros incapacitándoles para el combate.

La idea es un poco peregrina, no ya porque parte de un prejuicio llevado a extremos grotescos (imaginad, no sé, la bomba que te convierte en negro, la que te hace hablar catalán o la que te vuelve gafapasta) sino por el efecto buscado: ¿acaso un escuadrón de soldados bujarras sería menos peligroso? ¿Te atreverías tú a entrar en una fortificación llena de soldados desnudos y rijosos?

Por fortuna, alguien con dos dedos de frente debió leer el proyecto y, creyéndolo un disparate, le puso el sello de “NI DE COÑA“.

Amén.

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