EL MUNDO PERDIDO

Con el anunciado estreno de Jurassic Park 4 (o Jurassic World, como lo van a llamar) y las cercanas navidades hablar de dinosaurios es casi una obligación.

Los dinosaurios han evolucionado mucho en los últimos años. Desde que yo era crío hasta ahora, la ciencia ha avanzado que es una barbaridad: el concepto primigenio de lagarto-enorme-tontorrón ha evolucionado según nuevos descubrimientos han salido a la luz. Y Parque Jurásico (la película) contribuyó enormemente a formar la concepción general que se tiene actualmente de estos bicharracos. Y a que la gente se aprendiera una o dos especies más.

Tyrannosaurus

(Ved aquí a la izquierda una ilustración de dinosaurios clásica y a la derecha, los mismos bichos tal y como se suponen actualmente. Ayuda también que las técnicas de ilustración han mejorado un rato largo)

Tyrannosaurus3

(y este engendro con plumas es un tiranosaurio según las últimas teorías. Dudo que la industria del cine lo permita)

2816780-ace_comics_6_issue_subscription_all_new_x_men(… pero, tranquilos: lo de cambiar de look con los años le pasa a todo el mundo)

Casi todo el mundo sabe que la película de Parque Jurásico está basada en el libro homónimo de Michael Crichton. Como suele ocurrir con estas cosas, la película (aunque no está del todo mal) es una burda parodia de un libro bastante mejor. En él se nos narra la historia de un malvado millonario (bastante suavizado en las películas) que crea dinosaurios a partir de sangre conservada en mosquitos conservados a su vez en ámbar (la idea es buena y gracias a ella, cada vez que alguien grita “¡Genética!” la multitud responde “¡Dinosaurio!”) y los mete en una isla para hacer un parque temático y sacar dinero. Como es de suponer, los dinosaurios se escapan y montan una escabechina con los visitantes hasta que los supervivientes logran escapar de la isla.

VelociraptorComo detalle novedoso, el libro nos presentaba a los velociraptores (izquierda) como dinosaurios peligrosos, inteligentes y pequeños (para quedeinonychus pudieran entrar en dependencias humanas). Existiendo de antes un bicho relativamente conocido como el Deynonichus (derecha, muy similar, fue el que inició el debate “Sangre caliente sí/no) nunca entendí por qué Crichton metió un bicho distinto. Supongo que porque el nombre suena mejor.

Tampoco explicaba el libro de marras por qué el Parque era Jurásico si casi todos los bichos eran del Cretácico, cómo se las habían apañado para que les salieran todos los dinosaurios clásicos (ni siquiera, no sé, mamíferos prehistóricos) pinchando mosquitos a boleo (había bastantes más especies de las que conocemos, que son casi todas norteamericanas porque gran parte de los libros que leemos al respecto son de allí) ni qué coño pintaba el brasas del matemático llenando página tras página de rollos patateros pero en conjunto yo lo apuntaría entre mis libros favoritos.

Y el señor Crichton quedó encasillado para los restos como “la madre de los dinosaurios” (el Padre es Spielberg, claro, y Sir Richard Owen un primo muy lejano que se retuerce en su tumba).

Como la película arrasó salvajemente en taquillas (pocos se acuerdan del libro) se abrió la veda para las secuelas de bichos animados por ordenador sin ningún tipo de vergüenza:

jurassic parkSin excepción, cada película ha sido un refrito de las escenas (y logos) de las anteriores: una isla con dinosaurios, gente que va y se les cuelan unos niños, ataque de los raptores, el tiranosaurio pateando coches, los malos que quieren hacer rentables a los dinosaurios y mueren, los dinosaurios hervíboros que raramente hacen nada y al final se salvan cuatro…

En la tercera se aprecia cierto interés por innovar con la aparición del espinosaurio. Era un burdo intento de Rexvsspino01crear nuevos villanos escamosos: era un bicho más grande que el tiranosaurio y tenía un aspecto más distintivo (el Carcharodontosaurus y el Giganotosaurus también son más grandes que el rex pero se parecen demasiado).De hecho, en una escena que todos los niños recuerdan con horror (a mí me pilló crecido pero se me quedó cara rara) el espinosaurio se enfrenta con el rex y lo mata. Ni los velocirraptores se habían atrevido a tanto.

Personalmente, creo que este fue uno de tantos factores que contribuyeron a que Parque Jurásico III fuera un fracaso. Pero, hombre, ¿a quién se le ocurre? Para añadir más escarnio al insulto, las últimas investigaciones apuntan a que el espinosaurio se alimentaba de peces…

En la cuarta, según parece, han metido un nuevo dinosario pero, para ahorrarse meteduras de pata, han optado por inventárselo mediante la genética (el equivalente científico a “lo hizo un mago“): un híbrido que combinará rasgos de diferentes bichos (por supuesto, es carnívoro, ágil, inteligente e hijo de puta). A la luz de lo que se ve en el trailer, a mí me parece un velocirraptor pero más gordo. Y los velocirraptores clásicos parece que se han vuelto buenos…

Pero eso ya es pasar al terreno de la especulación y eso es cosa de paleontólogos y frikis. Ahora nos ocuparemos de “El Mundo Perdido“, el poco conocido libro que sirvió de inspiración (muy tangencialmente) para la segunda película de la “trilogía”. Y no estoy hablando del de Conan Doyle (el de Sherlock Holmes, que también le dio a los dinosaurios) sino a una de las obras más chuscas de Michael Crichton:

LIBRO-EL-MUNDO-PERDIDOY la portada de la derecha es otro estupendo ejemplo de “dinosaurios old school“.

No sé cuánto le pagarían a Crichton por escribir este pastiche pero no me queda claro si fue mucho (para rebajarse a ese nivel) o muy poco (porque se nota que le puso pocas ganas).

Para empezar, el protagonista no es Alan Grant (el paleontólogo a lo Indiana Jones de la primera parte) sino el tres veces maldito matemático Ian Malcolm. Si bien moría al final del primer libro, resulta que no, que los médicos le salvaron. Y como la isla Nublar fue bombardeada hasta los cimientos aniquilando a los dinosaurios, Crichton se saca de la manga el enclave B.

El enclave B es otra isla donde se fabricaban los dinosaurios: por lo visto, el Parque Jurásico era sólo la exposición mientras que en la isla Sorna (enclave B) era donde 44111260producían huevos a saco con sus porcentajes de error y todo. Al fastidiarse el Parque Jurásico principal, el enclave B quedó abandonado así por las buenas, con todos los dinosaurios dentro.

Y allí llega Richard Levine, otro científico pelmazo, que quiere estudiar la extinción de los dinosaurios mediante la observación de su comportamiento. Hay cierto ambiente enrarecido porque, aparentemente, los dinosaurios no le importan a nadie: lo que quieren saber es sobre su extinción. Por supuesto, Levine la cagará e Ian Malcolm reunirá a un grupo de gente rara (incluidos dos niños) para ir al rescate.

El libro en sí tiene muy poco de novedoso: casi todas las escenas son calcos del primer libro (incluyendo los ataques de los bichos, gente herida en los mismos lugares que en el otro libro y, atentos, las escenas de niños con ordenadores) están retratadas con escaso acierto aquí. Tampoco faltan las interminables disertaciones científicas sobre diversas materias (con frecuencia sin relación con los dinosaurios) entre las que cabe destacar una de Malcolm acerca de que la globalización de la información (internet, vaya, algo que empezaba a intuirse en 1995) constituirá el fin de la especie humana ya que la evolución por sí misma sólo sucede en grupos pequeños.

latestSalen los dinosaurios habituales con una única novedad: el carnotaurio. Es este un dinosaurio carnívoro cornudo sudamericano que en el libro posee también increíbles habilidades de camuflaje (como un camaleón pero a lo bestia). Sin embargo, su aparición se reduce a un capítulo tonto donde tampoco llega a destacar demasiado. Es notable que los carnotaurios no salieron luego en ParqueCarnotaurs Jurásico II (¡muy pequeños!) pero sí eran los malos de la película Dinosaurio de Disney, razonablemente buena pero absolutamente olvidada, posiblemente, porque no empleaba especies de dinosaurios muy conocidas. Ganan dos a una al espinosaurio, mira.

A lo largo del libro también se insiste mucho en que “algo no encaja en la isla“, “una idea revoloteaba en su mente pero no lograba definirla” y cosas parecidas: se intuye que hay un misterio porque están apareciendo dinosaurios muertos en la costa de Costa Rica. Así como en el primer libro los bichos se escapaban, se mezclaban y de repente se instauraba un “auténtico equilibrio jurásico” (palabras de Alan Grant), aquí los bichos están “descompensados” (hay demasiados depredadores, ninguno tiene talla adulta…). Parece que a los científicos pelmas que protagonizan el libro no se les ocurre que el enclave B no era un “mundo perdido” sino “un criadero de dinosarios abandonado”: es como soltar un zorro en un gallinero, hay presas, hay depredador… pero no hace un ecosistema estable y completo de golpe y porrazo.

lost2Al final, el “misterio” es una tontería: los creadores de dinosaurios alimentaban a los recién nacidos con extracto de cordero en lugar de con leche de cabra (sus palabras, no las mías). Debido a ello, los animales enfermaban de un prión (sí, la crisis de las vacas locas fue por la época del libro y se nota que alguien quería ir a la última) y morían (o escapaban hasta Costa Rica volando, yo qué sé). Como no sabían qué hacer con la enfermedad, soltaban a los dinosarios por la isla a la buena de Dios a ver si se curaban solos (magnífica terapia). Luego, los capturaban y los mandaban a la isla Nublar del the_lost_world_jurassic_park_22primer libro. No explica por qué los bichos del primer libro, en cambio, estaban sanísimos. Ni por qué los de este segundo no necesitan lisina. Y no se resuelve el por qué (o cómo) están apareciendo bichos muertos en Costa Rica.

Aparte de que es una chorrada como un dinosaurio de gorda eso de “soltar a los animales a ver si se curan“, el autor demuestra una documentación infame al citar enfermedades causadas por priones: actinomicosis (causada por bacterias) y ántrax (causada por bacterias). El libro queda descafeinadísimo en comparación con el primero. Hay muertos desagradables igualmente (aquí el tiranosaurio tiene más suerte) pero falta la emoción del original. Y una cierta organización porque abundan los capítulos con títulos repetidos y casi todo el libro es un ir de un sitio para otro en coche (un mapa de la isla es imprescindible: viene en la contraportada).

Con semejante material, normal que la segunda película fuera poco fiel al libro.

Un clásico imprescindible. Tenéis que leéroslo.

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